"El equilibrio necesario para ir por la vida, es igual al equilibrio para ir en bicicleta: hacia donde te inclines te vas a caer". Creció e hizo todo lo contrario: se inclinó por el ocio, el alcohol, las fiestas. Y cayó. Tocó fondo. Un día desempolvó esa vieja bicicleta y pedaleó más allá del barrio. Y siguió. Siempre más allá. En la bicicleta encontró, por primera vez, un propósito e hizo de su vida el andar en bicicleta.
Ahora recorre la carretera de norte a sur un hombre feliz, realizado, libre, sano y loco como él solo.