No faltó el que habló de humo, de fraude.
La ceremonia de inauguración en sí tuvo tantas críticas que lo del exoesqueleto cayó en un mal momento.
Más de 100 científicos de 25 países habían trabajado en ese prototipo y esta “patada simbólica” sería la vitrina perfecta de una inversión millonaria en
30 años de estudio y experimentación en neurociencia. ¡Queríamos verlo! Según un comunicado de prensa, la demostración habría salido “según lo esperado”; sin embargo, no existe un registro claro e ineludible del milagroso saque de Juliano Pinto, brasileño de 29 años, inmóvil de la cintura a los pies. De hecho, no sólo debía golpear la pelota: los encargados del proyecto habían asegurado que este joven se levantaría de su silla de ruedas, caminaría 25 metros y luego chutearía el balón oficial.
Nunca tendremos la certeza de si sucedió o no, lo que es una pena, pues
alimenta la desconfianza de las personas en este tipo de valiosos proyectos.
Además de la falta de evidencia de lo que pasó en el estadio –hay un puñado de testigos directos e imparciales que podrían dar detalles, pero no se conocen sus testimonios–, colegas de diversas nacionalidades han alegado que no aún no se ha publicado un paper con información técnica y específica de las pruebas realizadas con este exoesqueleto, que por demás tuvo bastantes obstáculos en sus preparativos, sobre todo en el ámbito de
electrodos versus implantes cerebrales para controlarlo. Tampoco se conocen las estadísticas y conclusiones de los otros pacientes que utilizaron el prototipo. ¿Por qué ocultar esa información?
De todas maneras, y para ser justos,
este episodio no debería empañar el trabajo global que se realiza día a día en la vanguardista mancomunión de Robótica y Medicina. Es muy importante destacar que los avances en este campo han probado ser asombrosos en los últimos años y ya algunas personas con ciertas parálisis o limitantes físicas han mejorado enormemente sus vidas con
prótesis de alta tecnología o con cuerpos robóticos similares al que quiso probarse en Brasil. Si bien no es de conocimiento tan masivo, estos prototipos vienen probándose hace varios años, y
no sólo pensando en quienes tienen problemas graves de movilidad, sino en la población en general: el desarrollo de exoesqueletos apunta también a ayudar a un humano común a trasladarse más rápido de un lugar a otro, a cansarnos menos, a ser más ágiles, a utilizar mejor nuestra energía en actividades cotidianas.
La búsqueda del llamado súper-humano.
El mundial de fútbol acaba de comenzar y la mayoría de los televidentes sólo espera los partidos. Me incluyo entre los ardientes futboleros, pero la participación de un parapléjico dando el primer golpe de pelota en la inauguración oficial también era un momento esperado. Fue portada en muchos medios cuando se anunció, generando expectativas tan altas como la profundidad de la decepción posterior. No obstante, quizá eso sea algo positivo: nunca la Robótica había tenido una vitrina tan masiva y transversal. No existe la buena o mala publicidad, dicen los expertos; toda publicidad sirve. Ya sea culpa del director de transmisión o de los encargados del proyecto, los ocho segundos que el exoesqueleto apareció en cámara provocó más resquemores que apoyo, más preguntas que afirmaciones, pero deja en evidencia el interés de muchos por los avances en la materia y las ganas que tenemos de ver algo asombroso, algo increíble, algo que nos demuestre que el mundo sí empuja hacia una mejor calidad de vida de sus habitantes y que lo está logrando. Quizá IronMan también se convierta en realidad, como muchos otros elementos que hasta el siglo pasado sólo eran sci-fi. Siempre digo: ¿Y por qué no?
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