Asamblea Constituyente, nueva Constitución, Chile, Marca tu Voto, AC, Giorgio Jackson, Cristóbal Bellolio, Genardo Cuadros
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Asamblea Constituyente: diez preguntas clave para despejar los prejuicios

Nuevamente volvieron a la palestra aquellos que piden cambiar la Constitución actual por medio de una Asamblea Constituyente. Muchos mitos y preguntas sin respuesta giran en torno a la iniciativa, por lo que quisimos preguntarle a algunos de sus impulsores exactamente qué es lo que proponen, y por qué.

Por Antonia Laborde @antonialaborde | 2015-03-30 | 07:30
Tags | Asamblea Constituyente, nueva Constitución, Chile, Marca tu Voto, AC, Giorgio Jackson, Cristóbal Bellolio, Genardo Cuadros

En las últimas elecciones presidenciales, "Marca tu voto" invitó a escribir en la esquina de la papeleta la sigla "AC", de Asamblea Constituyente, a quienes querían una nueva Constitución por medio de esa vía. En la segunda vuelta, el 10,3% de los chilenos que votaron, marcaron AC, (unas 586 mil personas) dejando a los organizadores de la campaña contentos con el resultado, pero conscientes de que les quedaba un trabajo grande por hacer si querían convencer a la nación de su idea. La semana pasada, la campaña volvió a hacer ruido, presionando a la presidenta Michelle Bachelet a actuar respecto a una de sus grandes promesas: hacer una nueva Constitución.

A estas alturas, la idea de hacer una nueva Constitución por medio de una Asamblea Constituyente no resulta novedad. Que nuestra Carta Fundamental fue elaborada en dictadura y se requiere una de mayor legitimidad; que Bolivia, Colombia e Islandia pasaron por ese proceso para tener una nueva Carta Magna sin mayores dramas, o que sería la opción más participativa para el pueblo, son los argumentos a favor que venimos escuchando desde que se puso esta alternativa sobre la mesa. Tampoco es novedad escuchar los argumentos de quienes se oponen: que la Constitución ha sido modificada en repetidas ocasiones en democracia y ya no lleva la firma de Pinochet; que un proceso constituyente sólo se requiere ante un quiebre institucional; y que se corre el riesgo de que se transforme en un proceso populista que desemboque en una grave crisis, como la de Venezuela, son sólo algunas de las advertencias de sus detractores.

La semana pasada, alrededor de 4.000 personas se reunieron afuera de La Moneda para definir mediante un acto simbólico cuál debiera ser el procedimiento para cambiar la Carta Magna. En el denominado "plebiscito ciudadano", cerca de 3.000 asistentes volvieron a marcar AC. Pero, las interrogantes, dudas y desconfianzas siguen presentes: ¿Y si se aprobara la idea, qué vendría después? ¿Cómo se conformaría la Asamblea? ¿Cuánto tiempo estaría vigente? ¿Bajo qué reglas se regiría? Esas y otras muchas dudas son las que todavía parecieran no tener respuesta clara y que llevan a muchos a desconfiar.

Con el objetivo de entender a cabalidad lo que proponen quienes quieren la formación de una Asamblea Constituyente, entrevistamos a Genaro Cuadros, coordinador de la iniciativa "Marca tu voto", Giorgio Jackson diputado de Revolución Democrática y a Cristóbal Bellolio, en su calidad de cientista político, quien hizo un análisis de esta vía.

1. ¿Qué aspectos de nuestra Constitución se busca reformar y por qué es necesario reescribirla y no enmendar puntos específicos?

Genaro Cuadros (GC): "En estricto rigor lo que busca no es emendar unas partes, sino la totalidad, porque son numerosos los aspectos específicos que manifiestan problemas en el contexto actual. En un reciente informe de Estados Unidos, una de las conclusiones es que nuestro actual orden constitucional, que por supuesto incluye la Constitución, tiene tantos sucesivos parches, que uno se encuentra con parches que agravan los problemas que previamente había antes de ponerlos.

Chile tiene un problema de arquitectura constitucional, no basta con de nuevo reformar unas cosas de la Constitución, porque ya hemos visto que las reformas no han resuelto los problemas de fondo: Como fue elaborada luego de la reforma agraria, es una Constitución que resguarda mas allá de los razonable los derechos de propiedad y disminuye mas allá de lo razonable el resguardo del bien común por parte del Estado en su rol subsidiario.Por eso se habla de una Constitución revanchista con lo ocurrido previo a los '80, y queremos que sea de todos los chilenos, el pacto de unos y de otros, no la revancha de unos y de otros".

Giorgio Jackson (GJ): "La Constitución actual tiene verdaderas trampas que impiden que sean las mayorías las que decidan qué reglas van a regirnos a todos. Así, la Constitución actual contempla la existencia de leyes que requieren quórums especiales para ser modificadas, es decir, quórums que permiten que una minoría pueda detener los cambios que quiere la mayoría. (…) Por otro lado, permite que el Tribunal Constitucional tenga la última palabra sobre decisiones que corresponde a los representantes de los ciudadanos y no a jueces que no han sido elegidos.

Ante el actual escenario de profunda desconfianza en la política, en los diferentes actores y, en general, de todas nuestras instituciones, creo que sería un error crear una nueva Constitución bajo esas mismas reglas y actores que hoy se encuentran completamente deslegitimados. Pero más importante creo, es el hecho de que la Asamblea Constituyente nos da todos nosotros (y no sólo a políticos o a expertos) la opción de ser elegidos para definir las reglas del juego que están en la base de todo el funcionamiento de nuestro país y de todo lo hacemos cotidianamente".

Cristóbal Bellolio (CB): "El anhelo de AC está vinculado a la necesidad de celebrar un momento constitucional en Chile. Ello no se logra reformando un texto que siempre estará asociado, por su origen, a la dictadura de Pinochet. Esa ruta ya se intentó en 2005, con importantes cambios e incluso con la firma de Lagos al final. Lo que se busca ahora no es solo contar con un texto que tenga legitimidad de origen, sino también aprovechar las condiciones de participación democrática que podrían darse en un proceso constituyente. Por lo anterior no sirve la idea una comisión de expertos. Menos la comisión bicameral, pues emanaría de un Congreso electo con sistema binominal y eso nos remite a las reglas de la Constitución del ’80".

2. ¿Cómo sería el proceso para que se pueda crear una Asamblea Constituyente?

GC: "Realizar una Asamblea Constituyente no aparece en la actual Constitución y en la mayoría de los países donde se ha hecho así ha sido. Pero se pueden hacer modificaciones y generar espacios para que se pueda canalizar un proceso constituyente".

A continuación, Genaro se refiere a cuáles serían esos canales: "El mismo organismo que organiza las elecciones, él se hace cargo de la convocatoria. Es abrir la posibilidad a las distintas mecanismos que están planteadas para reformar la Constitución. Hoy hay 3 en disputa:

  1. Que lo haga el mismo Congreso, la comisión bicameral.
  2. Que lo haga una Comisión de Expertos convocado por los distintos poderes del Estado.
  3. Que lo haga una Asamblea Constituyente, representantes de la voluntad popular reunidos exclusivamente para eso.

Para que eso sea posible, necesitamos hacer un plebiscito, que dirima cuál de estos mecanismos es el mejor. Una vez hecho eso, al ejecutivo le toca aplicarlo. La clave es que solo el pueblo es poseedor del poder democrático y es el pueblo el que se lo entrega a sus representantes. Mientras el pueblo no sea consultado sobre los mecanismos y la Constitución, esta no puede ser redactada legítimamente, y esa es una gran contradicción de la Constitución de 1980".

GJ: " Eso es algo que está en discusión, porque la Constitución nada dice acerca de la Asamblea Constituyente o de otro mecanismo para su reemplazo (y no sólo para su modificación). Nosotros creemos que el camino correcto es incorporar un nuevo capítulo en la Constitución que regule el reemplazo de una Constitución a través de un plebiscito. Así, bajo esa nueva regulación, para cambiar la Constitución la Presidenta de la República deberá convocar a un plebiscito para consultar a la ciudadanía cómo quiere crear su nueva Constitución. Nosotros estamos convencidos de que la Asamblea Constituyente es la única opción, pero si queremos una nueva Constitución democrática debemos democratizar incluso la decisión acerca del mecanismo".

CB: "La idea, hasta donde entiendo, es hacer todo esto por la vía institucional. Es decir, introducir una reforma constitucional en el texto actual que le permita a la Presidenta llamar a un plebiscito para preguntarle a la ciudadanía si quiere una nueva constitución y cómo hacerla. Si esa reforma se aprueba, se llama a plebiscito, y el resultado de ese plebiscito es positivo para la AC, no veo el drama institucional".

3. ¿Quiénes conformarían la Asamblea Constituyente?

GC: "El proceso consiste en escoger una cantidad determinada de gente representante, que tiene como única misión elaborar el texto constitucional y luego la asamblea se disuelve. Esas personas no se pueden presentar a la elección siguiente, para no aprovecharse del conocimiento del texto o la popularidad alcanzada. Lo que busca es que los que van a ser participes, no sean parte del proceso de formación de reglas. Unos formas las reglas y otros las ejecutan. En el fondo es parecido a un parlamento, pero se diferencia en que es elegido solo para hacer una nueva Constitución".

CB: "Si me preguntas a mí, me parece que la mejor alternativa es elegir un determinado número de delegados que sólo tengan por misión deliberar y redactar el contenido de la nueva constitución. Esa es otra ventaja sobre las comisiones parlamentarias: la idea es evitar que los “constituyentes” utilicen el poder constituyente en su favor. Una vez terminada su misión, los delegados no deberían poder ser candidatos a las elecciones parlamentarias siguientes, por ejemplo. Eso contribuye a la seriedad del proceso. Sobre quienes pueden ofrecer candidatos, me parece que todos pueden competir: partidos viejos y movimientos nuevos, así como independientes o miembros de agrupaciones con causas específicas. Esa es justamente la idea: abrir la válvula de la participación lo más posible. En lo personal, precisamente porque hay que evitar que los cupos sean monopolizados por las actuales estructuras, creo que hay que esperar un tiempo a que los nuevos referentes políticos se organicen. Es fundamental que se genere una especie de alianza generacional que le dé sustento político de largo plazo a este proyecto constitucional. Quisiera ver tantos delegados de Revolución Democrática como de la DC, tantos de la Izquierda Autónoma como del PC, tantos de Evópoli como de RN, por ejemplo".

4. ¿Con qué sistema electoral se elegiría a los miembros de la AC? ¿Se utilizaría la legislación electoral y ley de partidos actual, o se crearía algo ad-hoc?

GC: "Al ejecutivo le corresponderá designar la formula más eficaz. Lo concreto es que cualquier cuerpo elegido, no va a ser distinto de la realidad que ha tenido el país históricamente (partidos políticos, conglomerados, gremios, etc). El único resguardo es respecto a la composición de mujeres y pueblos originarios. La constitución de ese cuerpo de redactores podría estar sometido a una ley de cuotas que permita la integración por sobre la histórica baja de esos dos grupos en la participación política".

GJ: "La composición de la Asamblea Constituyente es también algo que será fruto de la discusión una vez que se haya decidido que ese será el mecanismo para crear la nueva Constitución. Sin embargo, nuestra propuesta es que el mecanismo de elección debe dar la posibilidad a todos y todas de ser electos. Creemos que lo importante es que las reglas para elegir a los miembros de la Asamblea, sean las reglas que sean, deben asegurar que sus miembros sean legítimos representantes y que expresen la diversidad de nuestro país".

CB: "Sobre el sistema electoral ideal, no lo tengo claro y me parece que es conversable. También es conversable el marco regulatorio de la campaña para elegir a esos delegados. Por lo mismo, nuevamente, creo que hay un cierto atolondramiento en algunos partidarios de la AC que no es bueno: hacer las cosas apurados en un tema tan sensible puede implicar hacerlas mal. Este no es un plan que pueda aplicarse en este período presidencial. Hay que juntar mucha más agua en esta piscina. Partiendo, por ejemplo, por corregir ciertos errores estratégicos. El principal, a mi juicio, es que los actuales promotores de la AC confunden reiteradamente el procedimiento con el resultado. La invitación a la AC es una invitación a participar de un procedimiento donde todas las partes cuentan con garantías de participación y posibilidad de exponer sus puntos de vista con éxito. Nos equivocamos cuando hacemos campaña por AC asociándola a ciertas causas sustantivas como educación superior gratuita o nacionalización del cobre o cualquier otra. En la AC se discutirán las posiciones X, Y y Z en igualdad de condiciones. Si asociamos AC a la posición X, es razonable que los partidarios de Y y Z se sientan excluidos de la convocatoria. Entiendo que hacer campaña por un procedimiento no es tan atractivo como hacerlo por una causa, pero es la única manera de ampliar la base y sacar esta idea del exclusivo ámbito de una elite de izquierda".

5. ¿Cómo se daría a conocer un civil que quiere ser parte de la asamblea? Porque los militantes tendrán el apoyo y financiamiento de sus partidos...

GC: "Ese es uno de los temas que está en conversación. Todos esos son los temas que tienen que estar en debate, pero no nos podemos preocupar de eso cuando no hemos hecho lo primero. Estamos lejos de ese momento todavía, así que son solo escenarios hipotéticos, si no hemos logrado convencer al 90% de los chilenos todavía".

GJ: "De partida, si utilizamos el sistema electoral actualmente vigente, no obtendremos el objetivo de representatividad y legitimidad que buscamos en la Asamblea. El sistema binominal ha demostrado ser una institución que impide que nuevas fuerzas políticas se integren al sistema, y por tanto, no puede ser ese el sistema para elegir una Asamblea diversa y representativa. Por el contrario, el mecanismo de elección debe dar cabida a todos y todas, debe ser un proceso transparente y democrático de elección y debe elegir representantes que tengan la única función de redactar una nueva Constitución".

6. ¿Cómo opera la AC? ¿Cuántos miembros tiene? ¿Con qué plazos cuenta? ¿Tendrá un "control de calidad"?

GC: "Es variable. En general son del orden de 100 personas las que la forman. Igual que en las Cámara de Diputados o Senado. Son asesorados por un cuerpo de juristas que permiten elaborar la Constitución (verifican que no haya vacíos legales, se respeten los tratados, etc.). Se construye un texto entre todos con las distintas posiciones y se debate sobre cuál representa mejor o no al pueblo. Luego, los textos en los que se logró llegar a acuerdo deben someterse a plebiscito para aprobarse. Las personas van a dar a conocerlo al igual como los políticos dan a conocer sus propuestas".

GJ: "Todo eso se definirá una vez esté en funcionamiento la Asamblea. Me imagino que en parte será una decisión del Ejecutivo, pero que fundamentalmente será la propia Asamblea la que fije su funcionamiento. En cualquier caso, espero que por lo fundamental del proceso constituyente, todos y todas podamos participar de ese debate y que cualquiera sea la estructura de funcionamiento que se defina, ella permita un funcionamiento democrático, una participación activa de todos los ciudadanos y, finalmente, una Constitución legítima y representativa".

CB: "Me imagino que una asamblea ampliamente representativa que pueda hacer el trabajo en un tiempo razonable (no será menos de 6 meses ni debería pasarse de dos años) tendría que contar con unas 500 cabezas pensantes. ¿Debe someterse el resultado de la AC a una especie de control de calidad? Es una buena pregunta. En teoría no hay un poder más legitimado para cortar el queque. La idea de empalmar con tratados internacionales vigentes me parece evidente. Lo de los vacíos tendrá que ir viéndose en el camino. Me imagino que la tendencia será avanzar hacia un texto menos rígido que el actual, es decir, más fácil de reformar. Mi único temor al respecto es que tengamos una inflación constitucional y cada grupo quiera que su causa tenga consagración constitucional. Eso sería una pesadilla, y el ambiente de fetichismo constitucional que estamos viviendo –donde demasiada gente cree que la constitución lo arregla todo- parece alentarlo".

7. Respecto al plebiscito para aprobar la nueva Constitución ya redactada si es que se hiciera una AC, ¿la población votaría el texto en su conjunto o punto por punto?

GC: "No se sabe. En el plebiscito de 1989 se votaron párrafos concretos para la modificación a la Constitución. Eso es algo que también determina la propia asamblea".

GJ: "Yo creo que debería votarse el nuevo texto por completo y no por partes. Si lo votamos por partes, podemos estar creando un monstruo híbrido que nadie va a querer finalmente. Por eso es importante que el mecanismo para crear la Constitución sea un mecanismo altamente democrático, y no uno técnico, como una Comisión de Expertos, por ejemplo".

CB: "Sobre el plebiscito para aprobar el texto preparado por la AC, es sin duda un paso fundamental para alcanzar la legitimación total. Ése es el mejor control contra la sobre-ideologización que podría darse en algunos puntos. Por lo mismo, no es mala idea votar por capítulos o artículos en lugar del texto completo. Ya lo hemos hecho en ocasiones anteriores".

8. ¿Está preparada la población para comprender un texto de tal complejidad y así poder votar informada?

GC: "Seguramente no. La mayoría del pueblo no la está demandando, por lo que menos van a estar preparados para entrar en un debate específico del texto. Pero no podemos esperar que el pueblo esté preparado, todo lo contrario, esta oportunidad es para incorporar al pueblo en la definición y avanzar en sus propios derechos".

GJ: "El Estado y todos nosotros, tendremos que adoptar todas las medidas necesarias para que ojalá todos los ciudadanos conozcan y entiendan el contenido de la nueva Constitución. Para eso existen distintos formatos y medios de comunicación; habrá que usarlos correctamente. En cualquier caso, una verdadera democracia nos exige abandonar cualquier grado de paternalismo, más bien propio de gobiernos despótico. Por el contrario, nos exige asumir que todos y cada uno de nosotros es capaz de tomar decisiones colectivas con libertad y responsabilidad".

9. Una vez aprobada la nueva Constitución... ¿habría que re-elegir al poder Ejecutivo y Legislativo?

GC: "No necesariamente. La AC tiene la oportunidad de tomar decisiones sobre todos los asuntos. Desde ese punto de vista, se puede ir desarrollando durante el proceso normal o como un paréntesis, hay muchas formulas distintas. No hay un solo modelo de Asamblea Constituyente, lo relevante de la que proponemos nosotros es que da cuenta de tres cosas:

  • 1.Que los que participen de ella no sean los mismos.
  • 2.Que se forme la asamblea, redacten el texto y luego se disuelvan.
  • 3.Que incorpore a ambos géneros e indígenas que son las realidades que deben ser consideradas.

Queremos que ese cuerpo de elegidos represente lo más fielmente a la sociedad".

CB: "No hay necesariamente una disrupción del período presidencial o del legislativo, si se contemplan las medidas necesarias en forma de disposiciones transitorias".

10. ¿Ven a algún país que haya pasado por este proceso como ejemplo a seguir, o como ejemplo de lo que no debe pasar?

GC: "No tenemos modelo ejemplar, en cada país se da el proceso constituyente que puede y que debe. Solo queremos un gran modelo para Chile. Hay procesos como el de Islandia que fue por internet, o el de Ecuador partió a través de los jueces. Cada país tiene su realidad y cada proceso constituyente debe reflejarla".

CB: "No soy experto pero me parece una falacia asociar los procesos constituyentes al chavismo bolivariano. En muchas otras partes del mundo –incluido Colombia- se han llevado a cabo procesos similares. Lo que sí me parece clave evitar de los ejemplos bolivarianos es la tendencia a ocupar el proceso y el texto constitucional como un arma de un sector político contra el otro. Una constitución es un mínimo común denominador. Entiendo que eso no es muy romántico. Muchos preferirían algo más épico y sustantivo, que tenga por misión aniquilar políticamente al adversario. Es una pena que cierta parte de la izquierda no entienda que queriendo eso, están emulando a Pinochet".

¿Te quedan dudas respecto al funcionamiento de la Asamblea Constituyente? ¿Te parece un buen camino para reformular la Constitución?

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Comentarios
Marco Canepa | Editor | 2015-03-30 | 07:39
5
Dentro de los argumentos para fundamentar la necesidad de crear una nueva Constitución, hay dos que dice Giorgio que me gustaría discutir:

- Me parece lógico y hasta necesario que leyes clave para el funcionamiento del país, especialmente las de rango Constitucional, no se puedan modificar por mayoría simple. No veo nada de siniestro en que ciertas cosas muy trascendentales requieran de acuerdos amplios. Sino, tendríamos nueva constitución con cada cambio de Gobierno. La idea es que la constitución sea un pilar solido sobre el que asentar un Estado para todos los ciudadanos, no un arma de una mayoría circunstancial contra los que perdieron las elecciones.

Es cierto que el binominal dificultaba demasiado alcanzar esas mayorías amplias, pero el binominal ya lo eliminaron de nuestro sistema electoral. Y aún con él, la Constitución se modificó significativamente más de una decena de veces desde el regreso a la democracia.

- La función del Tribunal Constitucional es verificar que las leyes que se dictan sean coherentes con lo que dicta la constitución, que es la que "manda". Sin ese resguardo básico, estaríamos llenos de normas contradictorias. Ciertamente en temas muy complejos (como el derecho a la vida) el tribunal puede en la práctica tomar un rol demasiado subjetivo, y su composición puede cuestionarse, pero creo que siempre tiene que existir una instancia que verifique la coherencia de las leyes.

En todo caso, ¿quién dice que una nueva Constitución no tendría leyes de quórum alto y un TC?
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Antonio Valdes | 2015-03-30 | 11:13
9
Marco,

- Si bien es cierto que se requiere una carta fundamental estable, lo que no resulta coherente es que la estabilidad se resguarde a punta de sobrerepresentación de sectores pequeños de la sociedad. La estabilidad de una carta constitucional reside en su legitimidad obtenida a partir de acuerdos amplios (como tu lo dices). Si dichos acuerdos son lo suficientemente amplios, no se es necesario poner triquiñuelas legales que obstaculicen su "actualización", puesto que si algún párrafo requiere ser cambiado, eso quiere decir que el acuerdo no fue "tan amplio" como uno esperaría y por lo tanto pierde su legitimidad (recuerda que la ley según el código civil de Chile es "una declaración de la voluntad soberana, que manifestada en la forma prescrita por la Constitución, manda, prohíbe o permite").

- El sistema electoral en Chile aun no se ha modificado, es binominal para la elección del parlamento, solo se modificó para las elecciones comunales. Si bien es cierto que se ha logrado modificar aun con este sistema siniestro, lo cierto es sus modificaciones han sido menores y no con un "amplio acuerdo" si no que con esfuerzo sudor y lagrimas de una minoría arrinconada que a regañadientes se ha visto superada y no le ha quedado otra opción que aceptar las modificaciones, ya que se han logrado en claros de luz que han permitido acceder a las ventanas que permiten modificar la carta magna con las reglas del juego que ellos mismo han puesto, sin embargo el corazón de la carta fundamental sigue intacto (a pesar de lo que diga el señor Lagos, que hoy por hoy, nos debería estar dando explicaciones a cerca de su magnifico sistema de licitaciones, el crédito con aval del estado, de proyectos como el transantiago y un largo etc. que sólo ha servido para seguir profundizando el sistema neoliberal impuesto a punta de fusil en dictadura).

- Por último, terminando con el punto anterior y pasando a tu tercer punto, la modificación al sistema de elecciones binominal para el parlamento, esta estancado hoy en el tribunal constitucional, producto que esta minoría que se opone a los cambios, ha entendido (y bien, puesto que así fue ideado y ejecutado en la actual constitución) que el tribunal constitucional puede funcionar como una tercera cámara, que permita frenar modificaciones a las que el parlamento haya llegado a acuerdo, puesto que debido a su conformación que es a partir de cuoteos políticos y no por carrera e idoneidad, este tribunal se preste como "cocina política" para devolver las leyes al parlamento o simplemente desecharlas del todo.

Saludos.
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Alvaro Bravo | 2015-04-01 | 09:39
3
Marco:
Lo que argumentas sería válido solamente si nuestra constitución hubiera nacido legitimamente de la voluntad ciudadana, pero eso no ha ocurrido nunca en nuestra historia de Chile
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Rodrigo Eduardo Cerda Silva | 2015-04-06 | 02:23
2
Antonia Laborde, gran trabajo peridístico, buena columna de opiniones, tratando de comparar distintas miradas, tal como aparece en el enunciado.

A mi parecer me perdí entre los dichos de algunos entrevistados, de todas maneras no logro comprender completamente lo que significa una Asamblea constituyente, solo quedé con luces de lo que debería significar, creo que faltó un experto entre las opiniones que pudiera reflejar un modelo teórico como base de las comparaciones.

Gracias, por tu columna.
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Antonia Laborde | Periodista | 2015-04-06 | 12:05
2
Gracias por el comentario Rodrigo! Hay todavía preguntas sin respuesta, porque quienes la platean tomarán ciertas decisiones si se aprueba llevarla a cabo. También pasa que al no haber un modelo único en el mundo, no se puede inferir cómo debiera ser, muchos saludos!
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Vero Soffia | 2015-05-21 | 13:06
2
Gracias por esta excelente nota!!! Bacán que podamos desmarcar algunas asociaciones típicas o mitos de AC, mirar incluso las distintas visiones de quienes están a favor, y poder sacar uno sus propias conclusiones.
Por supuesto que hay muchos detalles que habría que especificar en el camino, pero me cuesta entender el miedo de mucha gente de simplemente abrir esa puerta. Hay que tener esta conversación como sociedad!! Atrevamos a pensar y discutir sobre el país que queremos, que implica informarnos y hacernos cargo de nuestra responsabilidad en la generación del mundo que vivimos, cosa que hacemos constantemente, todos los días, con nuestras acciones, decisiones y omisiones. Y como se menciona en el artículo; no confundir con la garantía de un resultado: es un PROCESO, hay que estar dispuestos a vivirlo y encontrarnos en él. Porque si vivimos en el miedo a dialogar y preguntarnos, estamos perdidos.
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